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Tecnología avanzada Gandhi

»Posted by on Ene 18, 2013 in Artículos | Comentarios Desactivados en Tecnología avanzada Gandhi

La imagen de Gandhi (un distinguido universitario) hilando a mano en una rueca artesanal y sentado en el suelo parece la negación misma del progreso. Y, sin embargo, ha inspirado muchas innovaciones para el progreso desde abajo. A los nombres de Gandhi (1869-1948), Schumacher (1911-1977), Illich (1926-2002), Amartya Sen (1933), Muhammad Yunus (1940) y Paul Polak (1941), hay que añadir el de Bunker Roy (1945) con una imagen insólita: campesinas analfabetas que electrifican sus aldeas con paneles solares. Hay fotos y videos en Google Images y YouTube (teclear en ambos casos: “Barefoot College”). Como sus antecesores, Bunker Roy parecía destinado a las alturas del mundo piramidal. Nació en Bengala y estudió en Doon School (una especie de Eton) y St. Stephen’s College (una especie de Cambridge), instituciones elitistas que forman a los dirigentes de la India. Fue campeón de squash. Pero la hambruna de Bihar en 1965 lo sacudió, y decidió dedicar su vida al servicio de los pobres. No de manera asistencial, sino facilitando su desarrollo autónomo. Para entenderlos, trabajó como peón de una cuadrilla que perforaba pozos; y uno de sus compañeros, que era de Tilonia (una aldea en Rajastán), lo invitó a acompañarlo en un viaje a su tierra. Decidió quedarse ahí, buscando soluciones. Finalmente, fundó la Universidad Descalza, que hoy recibe apoyos internacionales para extender sus servicios a muchas otras aldeas asiáticas y africanas, de donde llegan educandas. Habla de su obra (con humor británico) en un video tan notable que ha recibido cuatro millones de visitas. Hay una versión con subtítulos en español (teclear: “Bunker Roy: Lecciones de un movimiento de descalzos” en Google, no en YouTube). Para entender el éxito de la Universidad Descalza, conviene recordar algunas realidades universitarias. Al diseñar programas de enseñanza, se afina la puntería con opciones que se discuten, a veces apasionadamente, cuando se trata de incluir o excluir ciertas materias. Como resultado, ahora hay centenares de licenciaturas especializadas, cuando no hace mucho se contaban con los dedos de la mano. Y ¿para qué? Muchas especialidades se ejercen sin que exista la licenciatura correspondiente. Otras (donde la hay, y hasta se exige el título para ejercer) se desempeñan satisfactoriamente con títulos falsificados o sin título alguno. Un elevado porcentaje de los que tienen títulos legítimos trabajan en especialidades distintas a las que estudiaron. Y muchos de los que trabajan en lo que sí estudiaron reconocen que casi todo lo que aplican lo aprendieron en la práctica. Toda especialidad incluye tareas que requieren habilidades y experiencia práctica, más que teorías. Esto puede observarse en los trabajos médicos, notariales, contables, de ingeniería, donde las enfermeras, secretarias y auxiliares más capaces llegan a desempeñar funciones del titular. Bunker Roy lo observó en la instalación de paneles solares. Llevar a un ingeniero hasta Tilonia para que haga una instalación cuesta mucho: sueldo, transporte y estancia, además del equipo. Una campesina analfabeta puede hacer lo mismo con seis meses de entrenamiento, si se le da confianza en sí misma y se le enseña a cortar, soldar, armar las piezas, montarlas, instalarlas y conectarlas. Una vez que sabe, enseña a otras. No es algo tan distinto técnicamente de lo que hacen las operarias de una maquiladora de productos electrónicos. La diferencia está en las consecuencias sociales y económicas. En vez de que las campesinas viajen a donde hay trabajo (que no les darán, porque no tienen escolaridad), la oportunidad viaja a donde viven ellas. En vez de que viaje el producto terminado, viajan los componentes. Además, el producto no se exporta: se queda ahí instalado. El comercio externo de la aldea se reduce a las importaciones pagadas con las remesas familiares, que así multiplican el beneficio local. No hace falta añadir que el alumbrado cambia la vida de la aldea, y que las familias pagan gustosamente los tres dólares mensuales que cuesta electrificar porque, además de vivir mejor, producen más. Por ejemplo: la escuela de los niños puede ser nocturna, para que no abandonen el pastoreo donde son necesarios (por lo cual las familias se resisten a que estudien). Con el mismo método han aprendido a producir muchas otras cosas: hornos solares para cocinar, colectores de agua de lluvia en los techos, instalación y reparación de bombas de agua, lámparas portátiles, artesanías. Hay una combinación posible con los equipos de pequeña irrigación de Paul Polak y con otras ideas para aumentar la productividad con inversiones mínimas. Una antena local para celulares, por ejemplo, no sólo permitiría comunicarse con los familiares emigrantes, sino exportar servicios de maquila de tecleado elemental. No hay que olvidar que la Revolución Industrial empezó llevando al campo máquinas para encargar operaciones sencillas que aprovecharan los tiempos...

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